Arde el Azteca o el Ciudad de México, como quieran llamarlo. Arde de pasión mexicana retenida. Nada más estimulante para una ilusión debutar en casa con un muy buen triunfo. No importa que lo de Sudáfrica haya sido de malo para peor. Como contó Scaloni, en el primer partido tenés las piernas endurecidas, con tensión, sin liberar el talento. El Tri debía pasar el examen de abstraerse de semejante presión. Y lo hizo con un 2-0 que hasta le quedó corto…

Triunfo local en el debut (AP).
Avasallante. Así empezó el Tri. No sólo con el control de pelota, sino aprovechando que los sudafricanos estaban más preocupados en mantener juntas las dos líneas de cuatro que armó bien pegado a su área, se olvidaron de Hidalgo y de Quiñones. Los dos entendieron rápido que colándose entre las dos líneas defensivas podían ser peligrosos. Sudáfrica se olvidaba de la pelota, literal. Más concentrados en mantener la posición, empezaron a pifiarle la pelota de manera casi amateur.
Y así llegó o así nació el primer gol de México. Con el equipo presionando, el arquero quiso salir jugando y complicó a Sithole que esperaba de espaldas y que presionado por Erik Lira la regaló. Muchas gracias, dijo Julián Quiñones que controló, encaró hacia adentro buscando perfil y le dio un derechazo no muy fuerte y al medio. Y Williams, el 1, que había iniciado todo mal, la completó intentando sacarla con los pies, como cuando en un partido de amigos va al arco alguien improvisado, y le pasó de caño. En ese instante quedó clara la debilidad futbolística sudafricana. Porque sumó errores técnicos, conceptuales y tácticos todos juntos en una misma jugada.

El festejo de Quiñones (EFE).
México amagó pisar el acelerador, pero salvo Quiñones que se mostraba voraz, la mayoría entró en un ritmo cansino y eso era más negocio para los africanos. Encima, como para terminar de quitarle intensidad, llegó la pausa de hidratación y se siguió jugando a 10 kilómetros por hora. Pero avisamos, todos menos el goleador que inventó un par de jugadas (una con rebote en el palo incluido) que el Tri no aprovechó.
Hay muchas convenciones o frases hechas en el fútbol sobre qué te puede ocurrir si desperdiciás oportunidades. Y aunque México no generaba muchas, los sudafricanos no pasaban la mitad de cancha. Tanto que hasta festejaron cuando tuvieron un córner…
Los hinchas también bajaron la presión como un espejo de lo que ofrecía el equipo. Hasta que ya en el comienzo del segundo tiempo, Aguirre reseteó la máquina y salieron de nuevo con ese espíritu más protagónico. Un par de llegadas hasta que se terminó de romper el partido cuando Alvarado aprovechó una contra, se fue solito hacia el arco rival y al ver que un defensor lo estaba alcanzando, se cambió la dirección provocando que se lo llevaran puesto. Fue justo a centímetros de entrar al área por lo que no fue penal pero Sithole, el mismo de la burrada en el gol, terminó viendo la roja.
La explosión popular por el ingreso de Gilberto Mora (de apenas 17 años, por poco no fue el más joven debutante) fue como un refuerzo de energía. Por más que no había tocado la pelota, el clima ganador volvía y se refrendaba con ese gran cabezazo de Raúl Jiménez.

Gol del goleador Jiménez (AP).
Los sudafricanos dejaron de estar pensando en cómo pararse y, con uno menos, fueron puro desorden y un poco de voluntad. México enfrió la historia, Aguirre le dio descanso a varios titulares claves y entonces ya estaba jugando el próximo partido del jueves contra Corea del Sur. Y si faltaba algo para que el Azteca pudiera estar totalmente tranquilo, Sudáfrica se quedaría con 9 luego de que, vía VAR, se viera un golpe de Zwane.
La ilusión mexicana de otra vez llegar a cuartos de final (desde el 86 no lo consigue) está en marcha. El sabor agridulce por la expulsión al final de Montes que había hecho un buen partido, pero la tanque lleno de confianza para lo que viene. Pasaron sin problemas el miedo escénico del debut y con un triunfo. Y eso, créase o no, tiene mucho valor.






