Argentina venció a Jordania y avanzó con autoridad a 16avos

Argentina derrotó a Jordania por 3-1, en un partido en el que la diferencia fue mucho más que lo que mostró el marcador. El equipo de Scaloni probó funcionamiento y posiciones, no pudo sacar conclusiones determinantes y llega a los dieciseisavos de final con la solidez y la autoridad del campeón defensor del título. 

La utilización de Exequiel Palacios como lateral derecho llamó la atención. ¿Cómo jugó? No se sabe, el partido no lo desafió en ninguna de las posibles facetas de juego. Lo qué si se pudo ver, y es algo que le pasa a cualquier volante que deba cumplir funciones de defensor en por alguna cuestión puntual, es que en los duelos individuales ‘ofició’ de 

La inclusión de Gio Simeone sobre la banda derecha, con pretensiones de amplitud y profundidad, tampoco tuvo el peso específico esperado. Pero no porque haya jugado mal o el partido haya estado mal planteado; Jordania defendió en un bloque bajo y compacto concedió libertades por dentro, siempre por dentro.  

Argentina con paciencia y movilidad logró desestabilizar al cerrojo defensivo asiático. Lo único que se mantuvo como referencia en el equipo argentino fue el triángulo armado entre Nicolás Otamendi, Marcos Senesi y Leandro Paredes (el único error albiceleste del primer tiempo fue cuando el capitán de Boca cayó a la banda izquierda e intento un pase horizontal que quedó a mitad de camino). 

Tagliafico y Palacios intentaban variar la altura y ser siempre un respaldo cuando la pelota iba a los costados, e interiorizarse para respaldar tras pérdida. Nico Paz, Gio Lo Celso y Julián Álvarez intentaban encontrar espacio entre líneas, mientras Lautaro Martínez estiraba a los centrales para agrandar espacios para los volantes.  

Aún así, el primer gol, golazo, fue tras una presión de Lo Celso que derivo en la falta al borde del área. Y el segundo fue desde una segunda jugada tras una pelota para; penal a Senesi y gol de Lautaro.

En la segunda mitad la sintonía fue la misma, y Jordania entendió que valía la pena intentar atacar por el lado más ‘desequilibrado’ de Argentina: la banda izquierda, donde Tagliafico no tuvo un volante que duplique su esfuerzo. Por allí llegó el descuenta en una jugada muy interesante de los jordanos. Inmediatamente el partido volvió a ser dominio absoluto de Argentina.

El equipo que cerró el partido, con Alexis Mac Allister y Leandro Paredes por dentro y Thiago Almada y Valentín Barco por ‘fuera’ potenció la idea con la que inició el partido: juntar pases por dentro y recuperar con la misma densidad propuesta para atacar. El 4-4-2 inicial solo fue una referencia defensiva, a ese dibujo se vuelve si el rival inicia un ataque posicional. Pero Argentina tiene más matices que los que un esquema puede contener, es un equipo dinámico y no estático, y nuca deja de pensar en el equilibrio que obsesiona a Scaloni. 

El rival fue digno, la jerarquía albiceleste fue desequilibrante y Argentina volvió a obtener un triunfo sólido. Pero no fue parámetro ni desafío para conclusiones determinantes con respecto a las pruebas que se hicieron.  

Argentina hizo lo que debía hacer: ganó, dominó y nunca perdió el control del partido. Sin embargo, el verdadero valor de las pruebas de Scaloni todavía quedó pendiente. Jordania ofreció resistencia desde el orden, pero no desde la exigencia competitiva. Los dieciseisavos de final marcarán el comienzo de otro torneo, uno en el que cada ajuste, cada variante y cada decisión táctica sí encontrarán un rival capaz de ponerlas realmente a prueba.

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