En una jornada financiera de alta volatilidad, el riesgo país argentino tocó los 548 puntos básicos, marcando un mínimo histórico que no se veía desde 2018. La reacción de los mercados responde al anuncio oficial del Gobierno sobre la concreción de un nuevo acuerdo de préstamo tipo REPO con bancos internacionales, diseñado para garantizar el pago de los vencimientos de deuda de capital previstos para enero y julio de este año. Esta inyección de liquidez busca despejar las dudas sobre la solvencia fiscal del país en el corto plazo.
Sin embargo, la euforia inicial en la city porteña se vio moderada hacia el cierre de la rueda por el contexto internacional adverso. A pesar del arranque alcista de los bonos soberanos, la tensión geopolítica global tras los sucesos en Venezuela y la caída de Wall Street arrastraron a los activos locales a terreno negativo durante la tarde. El índice S&P Merval retrocedió cerca de un 4%, perdiendo el soporte psicológico de los 3 millones de puntos, mientras que acciones líderes como YPF y Pampa Energía sufrieron correcciones superiores al 2,5%.
Analistas de mercado advierten que, si bien el blindaje financiero es una señal robusta para los acreedores, la economía real sigue mostrando signos de fragilidad. La dependencia de los factores externos es cada vez más notoria, y la sostenibilidad de este «veranito financiero» dependerá de la capacidad del equipo económico para mantener el superávit fiscal sin ahogar la reactivación del consumo, que aún no termina de despegar en este primer trimestre de 2026.






