La provincia de Tierra del Fuego se encuentra inmersa en una profunda crisis institucional. En las últimas 48 horas, el gobernador Gustavo Melella ha sufrido la renuncia indeclinable de dos de sus ministros clave, en medio de una fuerte disputa por los recursos coparticipables y el recorte de fondos nacionales para la industria fueguina. La situación se agrava por la presión del ministro de Economía nacional, Luis Caputo, quien exige un ajuste fiscal más severo a las provincias patagónicas.
Las dimisiones exponen la fragilidad del oficialismo provincial para contener el descontento social ante la incertidumbre laboral en las plantas de ensamblaje de Río Grande. «No hay provincia que aguante este nivel de asfixia financiera», declararon fuentes cercanas a la gobernación, alertando que la parálisis de la obra pública y la caída de la recaudación propia están llevando a la administración al borde del default técnico.
Mientras tanto, la oposición local exige explicaciones y no descarta pedir el juicio político si no se garantiza el pago de salarios estatales en tiempo y forma. El conflicto en el «fin del mundo» es un caso testigo de la tensión creciente entre el gobierno central libertario y las administraciones provinciales, que ven cómo el nuevo esquema económico nacional amenaza la viabilidad de sus economías regionales dependientes de regímenes especiales.






